miércoles 23 de diciembre de 2009

Crear Realidad

Vuestros ojos son parte de vuestro cerebro. Por lo tanto, cada vez que fijáis vuestra atención visual en algo externo a vosotros, permitís que vuestros ojos se impregnen de esa realidad/circunstancia.

De este modo, siendo vuestros ojos partes de vuestro cerebro, provocáis que eso a lo que prestáis atención se instale en vuestras vidas.

Las sensaciones de rechazo, odio, desconfianza, resquemor, etc., van también acompañadas de atención. Estas sensaciones impregnan la realidad de lo que atendéis con vuestra atención, cualificándolo de tal manera que el resultado puede ser atraer el objetivo de modo desarmónico o, sencillamente, alejarlo.

Lo que entra en nuestra vida, esa que está dentro de la nube de la dualidad (definida por lo considerado propio o interno y ajeno o exterior), antes había entrado de alguna manera por alguno de nuestros sentidos. Lo que creamos en la vida es sólo una reproducción de la realidad que interpretamos como del otro lado de la barrera de nuestros sentidos, que, al constituir sólo una barrera ilusoria, nos lleva al hecho de que, al reconocerlo, aunque sea fuera, lo integremos y el integrarlo llevará implícita la emoción que nos haya producido la alucinación de verlo fuera.

Por ejemplo, si yo veo mi casa ideal y la impregno de la creencia de que no cuento con recursos para conseguirla, la mantengo alejada de mí.

Si yo veo a mi pareja perfecta y digo que es aquella con la que debo vivir, será mi pareja. Pero si además pienso que es poco inteligente no podré disfrutar de su inteligencia, lo cual no quiere decir que no la tenga, sino que no habremos dejado que se desarrolle con nosotros, para no contradecir nuestra opinión de él.

Todo lo que vemos fuera está ya dentro de nosotros, porque fuera y dentro existen sólo en tanto que nuestros cinco sentidos constituyen una barrera. Pero cuando algo trascienda esa barrera y sintamos que ya forma parte de nuestra vida, lo hará en función de la energía emocional de la que lo hayamos impregnado para darle paso. Si lo odiamos, será odioso para nosotros. Si lo amamos, será el amor en y para nosotros.

Ya que sabemos que todo lo que vemos fuera en realidad ya está dentro y un día lo viviremos como tal, es lo más inteligente no darle un juicio negativo. Y es elevado no darle juicio en absoluto, porque en ese caso se sumará a nosotros sin conflicto, engrandeciéndonos.

Un “algo” que vemos fuera, cuando se adentra tiene que pasar por los tamices del:

- cuerpo mental
- cuerpo emocional
- cuerpo energético

y llegar al cuerpo físico, impregnado de todo lo que le haya aportado cada una de estas vibraciones.

¿No habéis oído decir, o a vosotros mismos os ha pasado, que con determinada persona te bloqueas, con otro te sale la vena artística, con otro te sale despotricar, etc.?

Es de lo que los otros te impregnan para llegar hasta ellos.


Extraído del libro "Mundos de Éter" (Graciela Bárbulo)

miércoles 2 de diciembre de 2009

El ego como cómplice del humano

El ego es la puerta de entrada de lo externo a nuestra identidad, nos avisa de aquello que llega a nosotros y supone una amenaza a nuestra integridad. Es nuestro cómplice. Es por esto que hay que prestarle atención.

Si recibimos desde fuera un impacto que daña nuestro ego, cabe la posibilidad de que este daño sea un aviso que nos informa de que eso que quiere “pasar” es dañino. Tenemos que prestar atención a este impacto y luego discernir, puesto que el ego en ocasiones es cómplice de nuestra naturaleza superior.

En este caso, tenemos que darnos cuenta de que el ego, como puerta de entrada de vibraciones externas, nos avisa de que algo no afín a nuestra naturaleza o nuestros anhelos pretende pasar, y discernir si el impacto se produce porque esto externo daña nuestro egoísmo o nuestra misión.

Egoísmo y misión son los dos términos claves para analizar, desde nuestra naturaleza humana, la naturaleza de aquello externo que supone una amenaza para nosotros.

Si no tuviéramos ego, seríamos permeables, y careceríamos de una identidad que pudiera poner en marcha la autonomía que nos define como personas y nos permite llevar adelante nuestra misión en nuestra vida.

Graciela Bárbulo

miércoles 2 de septiembre de 2009

Tu tienes el reloj, yo tengo el tiempo. / Entrevista a un tuareg universitario.

No sé mi edad: nací en el desierto del Sahara, sin papeles...! Nací en
un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He
sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy
estudio Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo
a los pastores tuareg… Soy musulmán, sin fanatismo.

- ¡Qué turbante tan hermoso...!

- Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto
cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su
través.

- Es de un azul bellísimo...

- A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela
destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados....

- ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?

- Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos
naturales. El azul, para los tuareg, es el color del mundo.

- ¿Por qué?

- Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.

- ¿Quiénes son los tuareg?

- Tuareg significa "abandonados", porque somos un viejo pueblo nómada
del desierto, solitario, orgulloso: "Señores del Desierto", nos
llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el
tifinagh.

- ¿Cuántos son?

- Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población
decrece... "¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que
existía!", denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este
pueblo.

- ¿A qué se dedican?

- Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en
un reino de infinito y de silencio...

- ¿De verdad tan silencioso es el desierto?

- Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio
corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.

- ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?

- Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos
dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba...
Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre... Y yo. ¡No había otra
cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!

- ¿Sí? No parece muy estimulante. ..

- Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo
que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar,
aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas... . Y a
dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay
agua.

- Saber eso es valioso, sin duda...

- Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una
tiene enorme valor!

- Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?

- Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso.
¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar
juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!

- ¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?

- Vi correr a la gente por el aeropuerto.. . ¡En el desierto sólo se
corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro...

- Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja....

- Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa
falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté.... Después, en el hotel
Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua... y sentí
ganas de llorar.

- Qué abundancia, qué derroche, ¿no?

- ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando
veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un
dolor tan inmenso...

- ¿Tanto como eso?

- Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los
animales, caímos enfermos... Yo tendría unos doce años, y mi madre
murió... ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a
contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.

- ¿Qué pasó con su familia?

- Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día
yo caminaba quince kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama
para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa...
Entendí: mi madre estaba ayudándome... .

- ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?

- De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally
París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo
recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El
Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo....

- Y lo logró.

- Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.

- ¡Un tuareg en la universidad...!

- Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella... Y el fuego de
leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí
las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es
distinta cada cabra... Aquí, por la noche, miráis la tele.

- Sí... ¿Qué es lo peor que le parece de aquí?

- Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan
la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia
de poseer, frenesí, prisa.... En el desierto no hay atascos, ¿y sabe
por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!

- Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.

- Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y
el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al
campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo,
amarillo, verde...

- Fascinante, desde luego...

- Es un momento mágico... Entramos todos en la tienda y hervimos té.
Sentados, en silencio, escuchamos el hervor... La calma nos invade a
todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor...

- Qué paz...

- Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.



Entrevista realizada por VÍCTOR-M. AMELA a:
MOUSSA AG ASSARID,

lunes 6 de julio de 2009

Deshecho de vida

He afilado mi dolor
contra la superficie de mis fracasos
y he ido
mondando mi vida.

Fue cayendo en ese
con algunas picaduras
mientras en cada dolor que sentí
llegaba fiel al alivio
una hilera de personas.
Algunas no se conocían
pero yo las había entretejido con hilo
de pensamiento,
en bordados de colegio.

Es verdad que ahora estoy despojada
pero hay un verano incipiente
que empieza a poseerme
y ya veo gente brillante
entregada al sol, desnuda.

Trascender el miedo

Trascender el miedo
es someter a la muerte
creciendo
hasta que quepa dentro de tu vida.

Trascender el miedo
es ganarse el derecho
a no morir.

Yo como respuesta

Lo que siento
no es algo que yo haya creado
y alojado en mí.

Es
una ráfaga de algo que existe
cuando traspasa mis límites
y me habita.

Cierto, quizás Dios no exista

Deben tener razón los ateos y sus autobuses. En realidad yo tampoco nunca Le vi. Me brotaron lágrimas con aquel atardecer, me hipnotizaron aquellos ojos, me cautivó aquella ternura, pero a Él /Ella nunca Le/La vi. Quizás me empeñé en falso.

De acuerdo, Dios no existe, ¿pero Quién se encarga entonces cada noche de encender el firmamento y sus estrellas innumerables o en cada día las sonrisas de los niños? ¿Quién mueve las gigantes olas de los océanos, la suave brisa de las orillas, las frágiles alas de los pájaros? ¿Quién carga en otoño la higuera, Quién alfombra el hayedo, Quién pone a pasear la fauna? ¿Quién ilumina mis mañanas, Quién colorea mis campos? No deseo aburrir con interrogantes imposibles...

Quizás Dios no exista, pero me extasió la belleza, me envolvió el amor, me colmó el gozo, y en alguna ventanilla quisiera rendir tributo. Todo tiene un alfa, una fuente y yo no he parado de disfrutar de inmensos dones. En gramática nos enseñaron a buscarle sujeto al verbo, la lógica nos invita a encontrar causa al efecto, la vida nos sugiere explorar origen de tanta maravilla.

Quizás Dios no exista, pero el autobús que me trae de Madrid rueda entre un blanco infinito y yo quisiera que este viaje nunca se acabara. Obras de arte moderno rondan fortunas y este Pintor de miles de blancos, de colores aún no imaginados, este Alfarero de todas las arcillas, este Diseñador de Pentiums aún no descubiertos, este Artista Anónimo que cuelga y expone en todo el universo, es postergado al olvido.

Quizás Dios no exista y todo fue ficción y los ojos miopes que repasan estas líneas los inventó un óptico avispado y el cerebro que hila estas torpes ideas y reflexiones un neurólogo fuera de serie.

Quizás Dios no exista, pero en algún altar, en algún digno rincón tendremos que colocar nuestras más bellas flores, nuestras más perfumadas velas. Hacia Algo, hacia Alguien habremos de dirigir nuestras más sentidas oraciones por tanta gloria que cada día nos alcanza.

Quizás Dios no exista, pero de dónde surge esta urgencia de íntima comunión con Algo que nos colma y desborda, con Algo que nos llena de paz y nos eleva. Quizás Dios no exista, pero por qué estas rodillas se pliegan y estas manos se juntan en alabanza.

Quizás Dios no exista y es hora de divertirnos, tal como rezan los autobuses ateos de Londres, Barcelona y pronto de Madrid, pero es que yo cuando más me divierto es cuando acaba el divertimento del mundo y a solas, en privado me encuentro con Él/Ella, no me preguntes por Su Nombre.

Lo acepto, me rindo. No sabemos nada de Dios. En realidad yo tampoco me Lo tropecé por ningún lado. Quizás Dios no exista y tengan razón los ateos, pero, doy fe, sí hay una Voz que quiero que nunca calle, un Consuelo que deseo nunca me abandone cuando todo se desmorona.

Quizás tengan razón los ateos y Dios no exista. En realidad sólo existe aquello a lo que le damos fuerza con nuestro pensamiento. Tanta dicha y grandeza que nos rodean, pueden ser cúmulo de infinitas causalidades. Pero entonces siquiera pongámosle mayúsculas y flores a la Casualidad, rindamos ante ella nuestro fatal orgullo, abracémosla en desbordadas gracias.

Rodemos autobuses que niegan Su existencia. PongámosLe otro nombre, mejor aún no Le pongamos ningún nombre, pero manifestemos sentido agradecimiento en todo instante, en todo lugar por el milagro de la Vida, por Su Origen por Los que somos tan infinitamente bendecidos...

No importa que nos veamos como hijos de Dios, o hijos de la nada, sólo importa que en ese intenso disfrute al que nos invitan los famosos autobuses esté el otro y la otra, esté presente la humanidad y todo cuanto late.

Podemos incluso corrernos la gran juerga a la que nos invitan los ateos, pero lo importante es que en ese despertar de turbante resaca sintamos que estamos en el mundo para servir al mundo; lo importante es que en esa mañana de aguda jaqueca sintamos que podemos hacer algo por la vida fascinante, su armonía y su continuidad, por más que el puesto de Creador quede vacante en nuestras mentes.

Imaginemos por un momento que existe. Poco le importará a Dios lo que pintemos en los autobuses, poco Le importará lo que de Él/Ella pensemos; lo único que anhelará es que nos olvidemos un poco de nosotros mismos y sumemos nuestras manos, nuestra mente, a las Suyas y así seguir creando y recreando sin límite para Su infinita gloria, para la gloria de tod@s. No hay ateos y creyentes, hay quienes sirven a la vida, hay quienes la apagan.

Koldo Aldai
Equipo de Portal Dorado
www.portaldorado.com